Repito visita al ClassicAuto de Madrid, dos años más tarde. Y desoyendo mi propio consejo y experiencia opto por acudir el sábado, el día de más afluencia de público, y a un horario para toda la familia… Consecuencia: stands abarrotados, pasillos intransitables, fotografías perdidas. O casi.
Un siglo de vida… ¡con dos chevrones!
Cosas interesantes: pues el homenaje a la moto que lo cambió todo (algunos dirán que para peor…), la Honda CB750 four, el cumpleaños de Citroën, nada menos que 100 tacos y un stand para soñar (¡me ponga un SM para llevar, por favor!), o la enorme reunión de SEAT 850 Spider que rodea el pabellón.
Y precisamente fuera del recinto es donde este año he tenido una mayor recompensa en cuanto a fotos. Es genial ver que los aficionados sacan sus tesoros a la calle, a las carreteras, y les dan el uso para el que fueron construidos, que no es otro que conducirlos. ¡Y reunirse con otros aficionados que comparten orgullo!
¡Ah! Y el mejor R5 Turbo Alpine que he visto en años también estaba allí. He dicho.










