Espíritu del Jarama. Sensación agridulce la que me deja este gran evento…
Por un lado, está la tremenda variedad y calidad de las máquinas participantes, tanto en motos como en coches. Norton Manx, Matchless G50, Ducati Bevel y japos de las que arrasaban en los circuitos en los 80. Eso en cuanto a las dos ruedas. Pero es que aún mejor pinta en coches, con Fórmula 1 de todas las épocas (especialmente nutrida la parrilla de sesenteros), sport míticos (Porsche 917K, GT40, etc.), Grupos B de rallye e incluso visitantes ilustres como Jo Ramírez.
También los alrededores del paddock son dignos de mención, con actividades para toda la familia, mercadillo, actuaciones en directo y demás…
¡Más madera!
Pero ya con «los trastos» en pista, me quedo un poco a medias, porque al final hay mucha exhibición pero poca carrera. Y aunque siempre es una gozada escuchar cosas tan alucinantes como un Maserati 250F subiendo Pegaso, la emoción se diluye completamente pasadas unas vueltas en fila «de a uno» y sin adelantamientos o luchas de interés. Al menos nos ocurre a los aficionados más quemados… Poca chicha, vaya. La copa Clio está muy bien para ver luchas «cuerpo a cuerpo», pero no es lo que busco en un evento dedicado al motor clásico.
En fin, sólo ese pequeño gran consejo por parte de un fanático. Más carreras para redondear un evento muy bien organizado, por otra parte. ¡Yo al menos volveré!
























